lunes, 15 de febrero de 2010

COMO JODERLE LA VIDA A UN MUERTO

Ya han pasado cuatro días. Los cuatro días más felices de mi no vida. Se esta bien aquí, hace fresco. Por primera vez, en mi muerte, siento paz y serenidad. Es cierto que quizá ha sido algo prematura. A los treinta años uno todavía es joven y disfruta de su esposa y de sus hijos. Yo sin embargo no tuve esa oportunidad. La lepra devoró mi cuerpo. Devoró cualquier oportunidad de vivir dignamente o simplemente de vivir como cualquiera. Nunca tuve amigos ni conocí mujer. Ni siquiera la prostituta más miserable dejó que me acercará a ella a menos de diez metros. En este pueblo he sido un excremento, un perro apestado del que todo el mundo huye. Solo mis hermanas se han hecho cargo de mi para que no muriera de hambre y de sed, pero yo ya estaba muerto. Yo fallecí el día en que me encerraron en el establo y me lanzaban la comida a través de una pequeña rendija labrada en la puerta. Ya llevo muerto más de veinte años. No, no es eso, es peor aún, llevo más de veinte años anhelando la muerte. Empecé a desear la muerte el día en que los niños comenzaron a tirarme piedras y las mujeres miraban hacia otro lado para no cruzarse con mi húmeda mirada de leproso. El día que se me negó la oportunidad de ser amado fue el día en el que la futilidad de mi existencia cobró sentido. No puedo decir que les odie, tampoco les tengo rencor… ahora ya no. Simplemente me esta costando un poco olvidar todos lo agravios, las humillaciones, el rechazo de las personas a las que yo en algún momento tanto quise. De perdón ni hablo, perdonar es divino y yo no soy Dios. Ahora estoy aquí, pletórico, tranquilo, redimido al fin. Tumbado sobre esta roca, rodeado de flores blancas que perfuman toda la cueva, puedo oír a los gorriones cantar al alba, el murmullo de un arroyo no muy lejano, el estruendo del silencio que tanto me reconforta. Aleluya, Yahvé es grande y esta paz será eterna.
… Buf, ¿que es esa algarabía? Parece que alguien se acerca… gente llorando y gritando… ¿qué esta pasando ahí afuera?

- LÁZARO!!!! LÁZARO ESCÚCHAME!!!! LAZARO VEN FUERA!!!!

LOS MILAGROS

Ya está, ya le he dado a papá la carta a los reyes Magos. En cuanto la ha leído ha venido a buscarme a mi cuarto, ha abierto la puerta sin llamar y se ha quedado mirándome un buen rato con los ojos humedecidos y la mano temblorosa donde tiritaba mi carta como una mariposa tratando de escapar. Desde el accidente mi padre ya no ha vuelto a ser el mismo. Los médicos le explicaron que el hecho de que yo saliera ilesa había sido un milagro. Yo apenas recuerdo nada… un grito, el frenazo y a mamá saliendo despedida por la luna frontal del coche. Por lo visto cuando los bomberos me sacaron del amasijo de hierros yo estaba inconsciente pero sin embargo fuertemente abrazada a mi conejito Timmy. En el traslado entre la autopista y el hospital, Timmy simplemente desapareció de mi vida, de la misma manera que lo hizo mamá.

- Cariño… -habló mi papá con la voz ahogada – No se si lo reyes Magos van a poder traerte lo que pides en tu carta.
- Pero papi, claro que si, solamente pido una cosa y los reyes pueden hacer realidad cualquier cosa con la ayuda del niño Jesús. Tú siempre me lo has dicho y sinceramente no te creo capaz de mentirme en un cuestión tan importante…

Papá cerro la puerta de mi cuarto sigilosamente y le oí llorar desconsolado encerrado en el cuarto de baño. Quizás él no creyera en la magia de la navidad, en la posibilidad de los milagros. Quizás él no había visto suficientes películas en las que Santa Claus regalaba una vida nueva a gente miserable, u otorgaba nuevas oportunidades a familias totalmente desahuciadas. En fin, yo ya había cumplido con mi parte, ahora solo me quedaba esperar a que los reyes magos cumpliesen con la suya.

Solo faltaba una semana para la noche de reyes. Durante esos días yo estaba muy excitada. Papá, sin embargo parecía extremadamente triste.

Fueron días de mucho ajetreo, visitas a familiares, al camposanto a los abuelos. Papá me arrastraba de aquí para allá como a un fardo.
Yo contaba los días con ansiedad, imaginando el momento en que los reyes magos, atendiendo a mi petición, demostrarían a papá que los milagros existen, que las cosas podrían volver a ser como antes o al menos muy parecidas y que yo no volvería a sentirme tan sola.

Por fin llegó el gran día. Por la mañana papá me llevo a desayunar al VIPS y me dejó pedir tortitas con nata. La camarera era muy simpática y no dejaba de sonreír. Me regalaron un globo color de rosa y papá a cambio le dejo una buena propina. Después fuimos a almorzar a casa de los abuelos con la tía Aurora. Todo el mundo estaba especialmente cariñoso y me pareció que ya intuían el milagro que se iba a producir esa misma noche.

A las seis ya estábamos en primera fila de la cabalgata. La gente se apelotonaba detrás de las barreras de protección y algunos niños lloraban en brazos de sus padres. Me encontré con mi amiga Sandra. Me contó que lo reyes le iban a traer la casa palacio de Barbie. Yo le conté lo que me iban a traer a mi. En ese momento su mamá miró a papá muy fijamente. Papá se despidió rápidamente y me arrastró de nuevo a través de la multitud. Por su cara deduje que el muy imbecil seguía sin tener ni un ápice de fe.

Cuando por fin llegamos al portal de nuestra casa yo apenas podía respirar debido a los nervios. Obligué a papa a subir por la escalera porque el ascensor tardaba demasiado.
Al entrar en el salón pude ver el regalo junto al árbol. Estaba envuelto en un papel lila con flores rojas. Me abalancé sobre él y lo saque de su envoltorio agarrándolo por una oreja.
…Maldita sea, ese no era Timmy. Cierto es que también era un conejo de color azul, tenia los mismos ojos, las mismas orejas, el mismo tamaño, pero desde luego no era Timmy, era su doble, un impostor que se había colado en nuestra casa.

Papá estaba de pie frotándose las manos. Otra vez esos ojos húmedos y una sonrisa acartonada en su cara. Si no hubiera sido papá, hubiera jurado que estaba aterrado. Entre abrió la boca para decir algo, pero yo me adelanté:

- ¿Tu te has pensado que yo soy estúpida??!!!! ¡¡Para una cosa que te pido y tú me haces esto!!!!

Le lancé el peluche a la cara, corrí a mi cuarto y cerré la puerta con toda mi furia. Pude oír a papá llorar como nunca le había oído antes y eso me hizo sentir, con mucha satisfacción, que yo, había ganado.